viernes, 20 de enero de 2012

ANTES, MUCHO ANTES




La guerra no comienza cuando dicen los periódicos
ni cuando los soldados salen de sus cuarteles
ni cuando empiezan a caer las bombas
sobre las poblaciones indefensas.
Antes,
mucho antes se inician las guerras.
Cuando se fabrican la bombas
deberían grabarse en ellas
los nombres de los niños a los que van destinadas.
Antes,
mucho antes de llevar la guerra a los países
se empieza por señalarlos en el mapa como países enemigos
¿Sabéis por qué?
porque en los mapas no aparece la cara de los niños
ni su asombro, ni su miedo ni su desamparo.
Antes, mucho antes.
Cuando alguien se apropia la idea de dios
y divide al mundo entre infieles y elegidos
está sembrando la guerra en los corazones.
Antes, mucho antes.
Cuando se sustituye la política por el insulto
se están afilando los sables, casi siempre fratricidas.
Antes, mucho antes.
Cuando las excavadoras de la ambición
hacen más y más profundo el foso
entre los que lo tienen todo y los que carecen de todo
ya han comenzado la guerra sin declararla
y el número de víctimas infantiles se cuenta por millones.
Antes, mucho antes.
La guerra siempre estalla después
de haberla inoculado primero en los corazones.