jueves, 6 de septiembre de 2018

OTROS CUENTOS

EL LAGARTO FEDE

Una mañana leí en un diario de  la prensa imaginaria la siguiente noticia: “Un lagarto se ha escapado de un poema de Federico y se ha ido de vacaciones a Gandía, porque, según ha declarado, el verano es para tomar el sol en la playa y no para pasárselo metido entre las páginas de un libro”.
   Me picó la curiosidad y aprovechando que yo también estaba de vacaciones en Gandía decidí buscarlo y seguirle la pista.
   No me costó mucho encontrarlo  porque era el primero en pisar la playa y el último en dejarla.   Allí estaba, con sus gafas de sol, su bañador hasta las rodillas,  su nevera, su toalla y su inconfundible aire de lagarto.
   Nos hicimos amigos enseguida y  pasamos muchas horas juntos, jugando a las palas, comiendo helados, caminando por la arena y tomando el sol hasta que, a finales de agosto, le dije que me venía a Madrid antes de que lo hiciera todo el mundo, para no pillar caravana.
   A Fede se le puso la cara triste. Entonces lo reconocí como uno de los auténticos lagartos de Federico, “lágrimas de cocodrilo, meditando”.
   -Me voy contigo,- me dijo de repente-, estoy harto del campo y quiero meterme en la vorágine de la ciudad.
 - Tú verás lo que haces-, le dije  y me lo traje a Madrid.
 Lo llevé de tiendas y se compró un patín, una gorra, una mochila y unos vaqueros anchos con muchos bolsillos para meter las "chuches", el móvil y las gafas de sol.
   El otro día se presentó en el colegio El Quijote pidiendo matricularse porque, dice, en este cole hay mucho cuento y mucha poesía y que  él se va a encontrar como en su casa.
   Creo que Juana  lo matriculó sin ponerle muchas pegas, pues Juana es así.
  Por lo tanto es muy probable que mañana esté sentado entre nosotros el lagarto Fede con su gorra, con su mochila, con sus gafas de sol.
   Lo reconoceréis porque viene un poco moreno y trae un aire de placidez en la cara como de quien se ha pasado la vida sin dar un palo al agua.   Pero sobre todo lo reconoceréis porque cuando habla dice cosas como
“Las alamedas se van
pero dejan su reflejo.
Las alamedas se van
pero nos dejan el viento”

o

“Sobre el cielo verde,
un lucero verde,
¿qué ha de hacer, amor,
¡ay! sino perderse?
   El lagarto Fede es un tío “guay”, muy legal. Creo que es un buen fichaje.






COLORES

Una metáfora es un regalo.
 Por muy bonito que sea el envoltorio, 
lo importante está siempre dentro.

   Hola amigos y amigas de El Quijote.
   Ya que estamos invitados a este acto de bienvenida os vamos a contar alguna de nuestras peculiaridades: cómo somos los colores, qué es lo que nos gusta y cosas así. 
   No vaya a ocurrirnos como a aquella caja de lápices de colores que cayó en manos de una niña. El primer día, uno por uno, los doce colores fueron saliendo entusiasmados a patinar por hojas blancas. Pero pasados unos días a la niña se le olvidó sacarlos a pasear por el papel  y ahí siguen olvidados en su caja, casi sin estrenar.
   Somos la luz… y nos gusta lucirnos. Así que, por favor, pintad con nosotros, pero no pintéis siempre lo mismo, ni de la misma forma. Nos aburriremos.
   Como veis somos todos distintos, pero nos gusta jugar juntos y mezclarnos. Y, aunque podemos actuar solos, los mejores cuadros los obtenemos cuando trabajamos en equipo.
   Estamos por todas partes, pero necesitamos que aprendáis a vernos, a captar nuestros matices y nuestras posibilidades.
   Todo el mundo nos usa, trabaja con nosotros, pero sólo los pintores, con sensibilidad artística, nos aprecian de verdad. Son nuestros amigos. ¿Vosotros queréis serlo?
   Entre nosotros nadie está de sobra, pues, puros  o mezclados, todos tenemos un sitio. Y cualquiera de nosotros es capaz de grandes cosas. 
   Así que no nos dejéis a ninguno olvidado, como aquel niño al que no le gustaba el color verde oscuro. Una mañana el color sacó su cabecita verde oscura de la caja y le dijo:
  • ¡Oye, niño! ¿Cómo te llamas?
  • ¿Yo? Alarico Pérez, dijo sorprendido el niño.
  • Pues mira niño: Alarico Pérez tiene 15.500 entradas en Google y dudo mucho que alguna se refiera a ti. Y sin embargo “verde oscuro” tiene más de un millón de entradas y todas se refieren a mí.
   (Desde ese día Alarico Pérez se toma más en serio al color verde oscuro.)
   Si os fijáis bien, cada uno destacamos en algo y nos gusta mostrar nuestra valía. En realidad somos como niños y, como vosotros y vosotras, necesitamos buenos pintores que nos ayuden a encontrar nuestro sitio y a sacar de nosotros lo mejor de nuestras posibilidades.
   Nos parecemos tanto que seguramente nos llevaremos muy bien este curso. 
  ¡Bienvenidos! ¡Este año vamos a alucinar en colores! 





CUENTO PARA UN ECLIPSE

   Esto era una niña llamada Luisa, de ojos grandes y pelo revuelto, que vivía en Vallecas y le gustaba un niño que se llamaba Alfonso.
   A pesar de ser vecinos y de ir al mismo colegio “El Quijote”, no encontraba la oportunidad de darle un beso, aunque se moría de ganas.
   En la calle su madre no le quitaba ojo de encima. Que si cuidado con los coches, que no te tires al suelo, que vamos a comer que se hace tarde...
   Y en el colegio, ¿qué os voy a decir? Siempre rodeada de chicos, con lo vergonzosa que es ella.
   Total, que Luisa andaba muy triste y ojerosa. Mas hete aquí que estaba la otra noche mirando las estrellas y pensando en Alfonso cuando va y le dice la luna:
    -¡Pero niña!, ¿qué cara de pena es esa que tienes?
   - Pues nada, que no puedo dar un beso a Alfonso porque siempre hay alguien mirando.
   - ¿Y eso es todo? Pero, mi niña, eso tiene muy fácil arreglo. Mira, mañana a las once menos cinco en punto arréglatelas para estar al ladito de Alfonso. Yo, como quien no quiere la cosa, pasaré distraidamente y me pondré delante del sol. Y como en tu cole todos son muy suyos, se pondrán las gafas de macarras y mirarán hacia arriba para ver quién osa quitarles el sol. En ese momento tú coges y ¡zas! le das un beso.

   Y eso es precisamente lo que acaba de suceder, pero como todos estabais mirando para arriba os lo habéis perdido.
   Al menos ya sabéis por qué a la luna se le ha ocurrido plantarse hoy delante del sol unos minutos.

  Y tú, Luisa, dile ¡gracias! a la luna.


domingo, 21 de septiembre de 2014

HORMIGAS

(Escrito y representado para comenzar el curso 08-09 en el CEIP El Quijote)

   No os lo vais a creer pero este verano me he hecho amigo de una hormiga. Sí, una de esas bichitas negras con seis patas que siempre van arrastrando cargas más grandes que ellas y que suelen ir en pandilla a todas partes. Sí,  esas que en lugar de hacer casas, como todo el mundo, se dedican a agujerear el suelo sin importarles nada la crisis inmobiliaria ni la economía. Pues eso, en resumen, una hormiga.
No sé cómo se llama ni sé si las hormigas  se llaman, pero yo la he puesto Clara. No por su aspecto porque es más negra que la boca del lobo sino por lo claras que tiene las cosas.
Estaba a punto de poner mi zapato sobre ella cuando oí que me decían:
-¡Cuidado, animal!
Me quedé paralizado porque estaba completamente solo en el campo, o eso creía yo. Después de mirar a mi alrededor y no ver a nadie quise continuar mi camino, un poco mosqueado, lo confieso. Pero al levantar el pie para dar el primer paso volví a escuchar: - ¡Cuidado, tío! ¿Estás sordo?
Esta vez miré al suelo y la vi.
Con las dos patas delanteras cubriéndose la cabeza, aterrada, estaba Clara esperando mi pisotón. No es una postura normal para una hormiga, por eso adiviné que era ella la que me increpaba. La cogí cuidadosamente, la puse en la palma de mi mano y le dije disculpándome:
-         Perdona, chica, pero eres tan pequeña que no te había visto.
-         No es que yo sea pequeña, es que tú no miras.
-         Lo siento pero, pequeña, eres bien pequeña.
-         ¿Y eso te da derecho a pisarme? Más pequeñas son las células de tu cuerpo y mira cómo las cuidas.
-         ¡Hombre! para eso son mías.
-         ¡Ah! ¿Es eso? ¿Sólo cuidas lo tuyo?
-         No, pero…
-         Pues has de saber que yo me paso todo el día cuidando y alimentando a bebés que no son míos.
-         Ya, ya sé que las hormigas sois admirables en muchos sentidos.
-         No nos hagas la pelota. Lo que tienes que hacer  es abrir más los ojos y estirar las antenas. Por cierto ¿dónde están tus antenas?
-         No, pequeña, los humanos no tenemos antenas.
-         No me llames pequeña. ¿Cómo que no tenéis antenas? ¡Ja! Ahora me explico. Sin antenas ¿cómo vais a saber cuándo un amigo está triste o necesita ayuda o le duele algo que le habéis dicho? ¿Eh?
-         Pues… esperamos que nos lo cuente.
-         ¿Y si no lo cuenta? ¿Qué? ¿Pasas por encima de él y lo aplastas como a mí, casi, hace un momento? Sin antenas no se puede andar por la vida. No puedes conocer de verdad a la gente, ni lo que siente, ni lo que le pasa.
-         Pues te aseguro que hay muchos así en mi especie.
-         Ya me habían advertido a mí que vais mucho a lo vuestro y que tenéis un problema con el tamaño: “el más grande, el más guapo, el más listo, el más, el más.
-         Bueno, pequeña… ¡Perdón! ¿No crees que te estás pasando?
-         No. Y has de saber que hay cosas pequeñas bien importantes. Vuestros niños son pequeños ¿no? Y son importantes. ¿Un beso? Es pequeño. Y es importante. ¿Una lágrima? Es pequeña y es importante. Las letras de un libro son muy pequeñas, en realidad son hormigas y muchas veces dicen cosas importantes. Bueno ¡adiós! Que yo tengo mucho trabajo.
-         ¡Oye, espera, espera! ¿Cómo  te llamas? ¿Cuándo puedo volver a verte?
-         Andaré cerca. Tú abre bien los ojos.
-         Pero  es que… todas sois iguales. No te voy a reconocer
-         ¿Ah, sí? ¿Eso es todo lo que has aprendido? Todas somos distintas, sólo tienes que observar con atención.
-         No te vayas, por favor
-         Sí, ya no me necesitas. Ahora te toca caminar y pensar. Vamos a ver si eres capaz de cuidar a las hormigas… y a las personas. No lo olvides. ¡Las antenas!

Y se fue, mi amiga Clara. Pero yo sé que está por aquí cerca. Si alguno de vosotros la encuentra le da recuerdos y le dice que en este colegio tiene muchos amigos que se esfuerzan en distinguir a las hormigas.

¡BIENVENIDOS TODOS Y TODAS UNA AÑO MÁS AL HORMIGUERO!

sábado, 4 de enero de 2014

GRACIAS, PROFE

Gracias, profe,

por enseñarme

a  atarme los cordones de las botas.

Probablemente cuando sea mayor

los zapatos ya no llevarán cordones,

ni  velcros, ni adhesivos.

Quizás un chip electrónico

regule el abrazo y la presión

de las solapas de cada zapato a cada pie.

Pero de todas formas,

gracias por enseñarme

a atarme los cordones de las botas,

como los afluentes

por la derecha y por la izquierda

de un río que jamás navegaré,

porque además ni es navegable,

como las notas musicales

que seguirán formando escalas

sin que yo suba ni baje por ellas

a ningún cielo ni a ningún infierno.

Pero de todas formas, profe,

gracias por enseñarme

a atarme los cordones de las botas,

o los afluentes

por la derecha y por la izquierda de aquel río

o las notas musicales,

porque aunque lleguen a serme completamente inútiles,

me será difícil olvidar

el empeño que ponías en que aprendiera

y, lo más curioso,

que ese empeño se repetía con todos y cada uno,

como si creyeras

que todos íbamos a ser

médicos, músicos, ingenieros…

¿Eso creías?

¿O tu única creencia era que todos,

aunque bien distintos,

debíamos tener las mismas puertas abiertas

y no cerrarnos ningún camino antes de tiempo?

Si algún día siento la tentación

de despreciar a alguien por ser distinto,

no podré por menos de acordarme

de tu empeño en hacernos sentir

igualmente capaces y valiosos ante la vida,

con todos los caminos abiertos por delante.

Bien pensado,

creo que voy a hacer un viaje

hasta aquel río

y comprobar que sigue teniendo

los mismos afluentes por la derecha y por la izquierda.

Luego, de vuelta,  aprenderé a subir y bajar escalas

para comprender cómo armonizan

las alturas y las profundidades.

Y al final, cuando ya no pueda

siquiera atarme los zapatos,

pensaré en ti, profe,

y en la maña que te dabas

para hacernos pasar de las cosas "inútiles"

al valor de las personas.


jueves, 26 de diciembre de 2013

CUESTIÓN DE EDUCACIÓN



Un año más, con el solsticio de invierno, una veintena de internos del Centro Penitenciario de Valdemoro ha puesto en pie su ópera, AQUELLO QUE VIVÍ, ésta vez sí, con la presencia  de algunos de sus  familiares como espectadores.
En su discurso de presentación, el  Director de la Compañía RENACER dijo que “esta ópera, además de enseñarnos a trabajar en equipo, nos ha dado la oportunidad de transmitir que cualquier persona puede reeducarse, rehabilitarse y reinsertarse, creyéndoselo uno mismo, queriendo y pidiendo ayuda a los profesionales.”
El verano pasado le oí decir a Peter Hoile, uno de los profesores que junto con Mary Ruth McGinn imparte el curso LÓVA cada año, que este “proyecto de ópera crea orgullo”.  Yo creo que crea orgullo y humildad a partes iguales. Los niños, jóvenes y adultos que lo realizan se siente orgullosos por ver que han conseguido hacer algo de lo que se creían incapaces. Y reconocen humildemente que  el equipo les ha dado alas y gracias al trabajo de todos se ha hecho  posible lo imposible.
Alguien se preguntará: ¿Y estas personas, causantes de hechos delictivos de diversa gravedad, es  una dosis de orgullo lo que necesitan? Pues sí. La gente que ha estado prisionera  de la droga el primer obstáculo a superar es dejar de considerarse una piltrafa y creerse capaces de hacer algo por su vida.
Por eso considero de un valor incalculable  la cara de satisfacción de estos hombres, recibiendo el aplauso sincero y emocionado del numeroso público asistente a la representación de su ópera, incluida la dirección del Centro Penitenciario.
El proyecto de ópera en la cárcel de Valdemoro se encuadra dentro de un programa de reinserción más amplio que el Centro lleva a cabo desde hace años en un módulo terapéutico, dirigido por un equipo comprometido con la rehabilitación de internos condenados por delitos relacionados con la drogadicción.
Del acierto de llevar LÓVA  a la cárcel dan cuenta los propios internos con sus palabras:
“Hemos trabajado en equipo, cada uno dentro de la profesión elegida, con el fin de presentaros lo mejor de nosotros. Hemos realizado un duro trabajo durante todo este año. Todo lo que vais a ver y escuchar, desde la escenografía hasta la música, lo hemos realizado nosotros y desde la nada.”
“Quisiera representar mediante una escena de la obra el momento en el que  presencié cómo los ojos de mi madre se apagaron, pareciendo triste e impermeable al cariño hacia su propio hijo, debido a que ya éramos conscientes del grave problema en el cual me encontraba y todo el daño que ello conlleva. Sentimientos y sensaciones que después de ese momento me sumergían en la más absoluta soledad, en la sensación de vacío y abandono respecto a la unidad familiar, pero que además por mi parte me hacían anularme como persona, sin hacer frente a la realidad y solo pensar en crear una red de mentiras y engaños constantes que, haciendo lo que hiciera falta, me proporcionase lo único que en aquellos momentos quería: la droga.”
“Quisiera expresar mis sensaciones, emociones y recuerdos en esta obra, ya que hay una gran variedad de historias que sería imposible dejar de escribir, pudiendo todos mirar hacia atrás, sin nostalgia ni rencor, viendo nuestro pasado con la droga como parte de un gran error del que es posible salir y remontar el vuelo y así, de alguna manera, poder hacer ver  a otras personas con nuestras vivencias, nuestros secretos y nuestros sueños de futuro que si se quiere se puede lograr a base de esfuerzo y sacrificio.”
“Querría contar cómo  un drogadicto deambula por la vida sin aspiraciones ni planes de futuro, metido en el más puro ostracismo y que, gracias a la oportunidad de programas como éste, pueda toda la sociedad tomar conciencia del problema y todos nosotros poder estar orgullosos en el futuro.”
“Para mí el  hacer esto me resulta muy gratificante para poder crecer como persona y demostrarme que el poder es querer.”
“Me he decidido a hacer esta ópera para tener una  experiencia nueva y hacer algo positivo”
“Participo en esta Ópera porque quiero hacer algo muy diferente a lo que he hecho en mi vida y  se convierte en un reto personal que me aporta ilusión, esfuerzo, satisfacción y sentirme libre.”
“Pensaba que esto no me podía servir para nada pero con el paso de los días veo que me puede aportar muchas cosas para mi vida en un futuro, como perder mi timidez y lo más importante los miedos.”
“Estoy participando en esta obra para compartir una actividad todas las semanas y superar mis miedos a hablar en público y aprender cosas nuevas.”
“Estoy realizando esta obra para probar nuevos retos en mi vida ya que empezó siendo algo a lo que no le daba importancia y con el tiempo me he dado cuenta que es algo de provecho y satisfactorio para mí.”
 “Estoy realizando esta obra porque me siento bien y aprendo cosas nuevas que jamás hubiera pensado hacer dentro de la cárcel.”
“Siendo capaz de hacer esta obra soy capaz de todo.”

Tras esta experiencia y después de haber dedicado buena parte de mi vida a la educación me pregunto: ¿Cuántas de estas personas se habrían librado de la drogadicción y la delincuencia si de niños hubieran tenido la oportunidad de reflexionar y crear en grupo, sintiéndose capaces y reconocidos, como hoy lo son ellos?
Educación es la clave, y el Estado hace dejación de sus funciones cuando reduce el papel de la escuela a centro de instrucción, igual que los docentes cuando se conforman con ser transmisores de conocimientos.
Lograr que niños y niñas lleguen a sentirse útiles, capaces, participativos, responsables, libres, empáticos, sociables, felices, exige por parte de los educadores que den prioridad a la reflexión, al trabajo en equipo y a la creatividad sobre los contenidos, los exámenes y las calificaciones, es decir, exige que se conviertan en una especie de objetores de conciencia.
No basta con dedicar un día al año a hablar de la paz, de la igualdad o la pobreza, ni siquiera era suficiente la asignatura de Educación para la Ciudadanía, es necesaria una actitud del profesorado y unos procesos en los que se ponga en juego todo el enorme potencial de los individuos y del grupo, de manera continuada, con diversos proyectos de todo tipo.
LÓVA es uno de esos proyectos en los que escuela y vida se dan la mano y se crea el clima para que cada uno pueda dar lo mejor de sí mismo y recibir lo mejor de los demás. Al preocuparse de lo importante, los docentes, los padres y  los alumnos llegan a comprobar que no solo no se pierde en instrucción y conocimientos, sino que ganando en autoestima, relación y motivación, se consiguen mejores resultados en todos los terrenos.
Desatender la educación en la escuela equivale a llenar las cárceles y, por supuesto, de insolidaridad y delincuencia la sociedad.