domingo, 21 de septiembre de 2014

HORMIGAS

(Escrito y representado para comenzar el curso 08-09 en el CEIP El Quijote)

   No os lo vais a creer pero este verano me he hecho amigo de una hormiga. Sí, una de esas bichitas negras con seis patas que siempre van arrastrando cargas más grandes que ellas y que suelen ir en pandilla a todas partes. Sí,  esas que en lugar de hacer casas, como todo el mundo, se dedican a agujerear el suelo sin importarles nada la crisis inmobiliaria ni la economía. Pues eso, en resumen, una hormiga.
No sé cómo se llama ni sé si las hormigas  se llaman, pero yo la he puesto Clara. No por su aspecto porque es más negra que la boca del lobo sino por lo claras que tiene las cosas.
Estaba a punto de poner mi zapato sobre ella cuando oí que me decían:
-¡Cuidado, animal!
Me quedé paralizado porque estaba completamente solo en el campo, o eso creía yo. Después de mirar a mi alrededor y no ver a nadie quise continuar mi camino, un poco mosqueado, lo confieso. Pero al levantar el pie para dar el primer paso volví a escuchar: - ¡Cuidado, tío! ¿Estás sordo?
Esta vez miré al suelo y la vi.
Con las dos patas delanteras cubriéndose la cabeza, aterrada, estaba Clara esperando mi pisotón. No es una postura normal para una hormiga, por eso adiviné que era ella la que me increpaba. La cogí cuidadosamente, la puse en la palma de mi mano y le dije disculpándome:
-         Perdona, chica, pero eres tan pequeña que no te había visto.
-         No es que yo sea pequeña, es que tú no miras.
-         Lo siento pero, pequeña, eres bien pequeña.
-         ¿Y eso te da derecho a pisarme? Más pequeñas son las células de tu cuerpo y mira cómo las cuidas.
-         ¡Hombre! para eso son mías.
-         ¡Ah! ¿Es eso? ¿Sólo cuidas lo tuyo?
-         No, pero…
-         Pues has de saber que yo me paso todo el día cuidando y alimentando a bebés que no son míos.
-         Ya, ya sé que las hormigas sois admirables en muchos sentidos.
-         No nos hagas la pelota. Lo que tienes que hacer  es abrir más los ojos y estirar las antenas. Por cierto ¿dónde están tus antenas?
-         No, pequeña, los humanos no tenemos antenas.
-         No me llames pequeña. ¿Cómo que no tenéis antenas? ¡Ja! Ahora me explico. Sin antenas ¿cómo vais a saber cuándo un amigo está triste o necesita ayuda o le duele algo que le habéis dicho? ¿Eh?
-         Pues… esperamos que nos lo cuente.
-         ¿Y si no lo cuenta? ¿Qué? ¿Pasas por encima de él y lo aplastas como a mí, casi, hace un momento? Sin antenas no se puede andar por la vida. No puedes conocer de verdad a la gente, ni lo que siente, ni lo que le pasa.
-         Pues te aseguro que hay muchos así en mi especie.
-         Ya me habían advertido a mí que vais mucho a lo vuestro y que tenéis un problema con el tamaño: “el más grande, el más guapo, el más listo, el más, el más.
-         Bueno, pequeña… ¡Perdón! ¿No crees que te estás pasando?
-         No. Y has de saber que hay cosas pequeñas bien importantes. Vuestros niños son pequeños ¿no? Y son importantes. ¿Un beso? Es pequeño. Y es importante. ¿Una lágrima? Es pequeña y es importante. Las letras de un libro son muy pequeñas, en realidad son hormigas y muchas veces dicen cosas importantes. Bueno ¡adiós! Que yo tengo mucho trabajo.
-         ¡Oye, espera, espera! ¿Cómo  te llamas? ¿Cuándo puedo volver a verte?
-         Andaré cerca. Tú abre bien los ojos.
-         Pero  es que… todas sois iguales. No te voy a reconocer
-         ¿Ah, sí? ¿Eso es todo lo que has aprendido? Todas somos distintas, sólo tienes que observar con atención.
-         No te vayas, por favor
-         Sí, ya no me necesitas. Ahora te toca caminar y pensar. Vamos a ver si eres capaz de cuidar a las hormigas… y a las personas. No lo olvides. ¡Las antenas!

Y se fue, mi amiga Clara. Pero yo sé que está por aquí cerca. Si alguno de vosotros la encuentra le da recuerdos y le dice que en este colegio tiene muchos amigos que se esfuerzan en distinguir a las hormigas.

¡BIENVENIDOS TODOS Y TODAS UNA AÑO MÁS AL HORMIGUERO!

sábado, 4 de enero de 2014

GRACIAS, PROFE

Gracias, profe,

por enseñarme

a  atarme los cordones de las botas.

Probablemente cuando sea mayor

los zapatos ya no llevarán cordones,

ni  velcros, ni adhesivos.

Quizás un chip electrónico

regule el abrazo y la presión

de las solapas de cada zapato a cada pie.

Pero de todas formas,

gracias por enseñarme

a atarme los cordones de las botas,

como los afluentes

por la derecha y por la izquierda

de un río que jamás navegaré,

porque además ni es navegable,

como las notas musicales

que seguirán formando escalas

sin que yo suba ni baje por ellas

a ningún cielo ni a ningún infierno.

Pero de todas formas, profe,

gracias por enseñarme

a atarme los cordones de las botas,

o los afluentes

por la derecha y por la izquierda de aquel río

o las notas musicales,

porque aunque lleguen a serme completamente inútiles,

me será difícil olvidar

el empeño que ponías en que aprendiera

y, lo más curioso,

que ese empeño se repetía con todos y cada uno,

como si creyeras

que todos íbamos a ser

médicos, músicos, ingenieros…

¿Eso creías?

¿O tu única creencia era que todos,

aunque bien distintos,

debíamos tener las mismas puertas abiertas

y no cerrarnos ningún camino antes de tiempo?

Si algún día siento la tentación

de despreciar a alguien por ser distinto,

no podré por menos de acordarme

de tu empeño en hacernos sentir

igualmente capaces y valiosos ante la vida,

con todos los caminos abiertos por delante.

Bien pensado,

creo que voy a hacer un viaje

hasta aquel río

y comprobar que sigue teniendo

los mismos afluentes por la derecha y por la izquierda.

Luego, de vuelta,  aprenderé a subir y bajar escalas

para comprender cómo armonizan

las alturas y las profundidades.

Y al final, cuando ya no pueda

siquiera atarme los zapatos,

pensaré en ti, profe,

y en la maña que te dabas

para hacernos pasar de las cosas "inútiles"

al valor de las personas.


jueves, 26 de diciembre de 2013

CUESTIÓN DE EDUCACIÓN



Un año más, con el solsticio de invierno, una veintena de internos del Centro Penitenciario de Valdemoro ha puesto en pie su ópera, AQUELLO QUE VIVÍ, ésta vez sí, con la presencia  de algunos de sus  familiares como espectadores.
En su discurso de presentación, el  Director de la Compañía RENACER dijo que “esta ópera, además de enseñarnos a trabajar en equipo, nos ha dado la oportunidad de transmitir que cualquier persona puede reeducarse, rehabilitarse y reinsertarse, creyéndoselo uno mismo, queriendo y pidiendo ayuda a los profesionales.”
El verano pasado le oí decir a Peter Hoile, uno de los profesores que junto con Mary Ruth McGinn imparte el curso LÓVA cada año, que este “proyecto de ópera crea orgullo”.  Yo creo que crea orgullo y humildad a partes iguales. Los niños, jóvenes y adultos que lo realizan se siente orgullosos por ver que han conseguido hacer algo de lo que se creían incapaces. Y reconocen humildemente que  el equipo les ha dado alas y gracias al trabajo de todos se ha hecho  posible lo imposible.
Alguien se preguntará: ¿Y estas personas, causantes de hechos delictivos de diversa gravedad, es  una dosis de orgullo lo que necesitan? Pues sí. La gente que ha estado prisionera  de la droga el primer obstáculo a superar es dejar de considerarse una piltrafa y creerse capaces de hacer algo por su vida.
Por eso considero de un valor incalculable  la cara de satisfacción de estos hombres, recibiendo el aplauso sincero y emocionado del numeroso público asistente a la representación de su ópera, incluida la dirección del Centro Penitenciario.
El proyecto de ópera en la cárcel de Valdemoro se encuadra dentro de un programa de reinserción más amplio que el Centro lleva a cabo desde hace años en un módulo terapéutico, dirigido por un equipo comprometido con la rehabilitación de internos condenados por delitos relacionados con la drogadicción.
Del acierto de llevar LÓVA  a la cárcel dan cuenta los propios internos con sus palabras:
“Hemos trabajado en equipo, cada uno dentro de la profesión elegida, con el fin de presentaros lo mejor de nosotros. Hemos realizado un duro trabajo durante todo este año. Todo lo que vais a ver y escuchar, desde la escenografía hasta la música, lo hemos realizado nosotros y desde la nada.”
“Quisiera representar mediante una escena de la obra el momento en el que  presencié cómo los ojos de mi madre se apagaron, pareciendo triste e impermeable al cariño hacia su propio hijo, debido a que ya éramos conscientes del grave problema en el cual me encontraba y todo el daño que ello conlleva. Sentimientos y sensaciones que después de ese momento me sumergían en la más absoluta soledad, en la sensación de vacío y abandono respecto a la unidad familiar, pero que además por mi parte me hacían anularme como persona, sin hacer frente a la realidad y solo pensar en crear una red de mentiras y engaños constantes que, haciendo lo que hiciera falta, me proporcionase lo único que en aquellos momentos quería: la droga.”
“Quisiera expresar mis sensaciones, emociones y recuerdos en esta obra, ya que hay una gran variedad de historias que sería imposible dejar de escribir, pudiendo todos mirar hacia atrás, sin nostalgia ni rencor, viendo nuestro pasado con la droga como parte de un gran error del que es posible salir y remontar el vuelo y así, de alguna manera, poder hacer ver  a otras personas con nuestras vivencias, nuestros secretos y nuestros sueños de futuro que si se quiere se puede lograr a base de esfuerzo y sacrificio.”
“Querría contar cómo  un drogadicto deambula por la vida sin aspiraciones ni planes de futuro, metido en el más puro ostracismo y que, gracias a la oportunidad de programas como éste, pueda toda la sociedad tomar conciencia del problema y todos nosotros poder estar orgullosos en el futuro.”
“Para mí el  hacer esto me resulta muy gratificante para poder crecer como persona y demostrarme que el poder es querer.”
“Me he decidido a hacer esta ópera para tener una  experiencia nueva y hacer algo positivo”
“Participo en esta Ópera porque quiero hacer algo muy diferente a lo que he hecho en mi vida y  se convierte en un reto personal que me aporta ilusión, esfuerzo, satisfacción y sentirme libre.”
“Pensaba que esto no me podía servir para nada pero con el paso de los días veo que me puede aportar muchas cosas para mi vida en un futuro, como perder mi timidez y lo más importante los miedos.”
“Estoy participando en esta obra para compartir una actividad todas las semanas y superar mis miedos a hablar en público y aprender cosas nuevas.”
“Estoy realizando esta obra para probar nuevos retos en mi vida ya que empezó siendo algo a lo que no le daba importancia y con el tiempo me he dado cuenta que es algo de provecho y satisfactorio para mí.”
 “Estoy realizando esta obra porque me siento bien y aprendo cosas nuevas que jamás hubiera pensado hacer dentro de la cárcel.”
“Siendo capaz de hacer esta obra soy capaz de todo.”

Tras esta experiencia y después de haber dedicado buena parte de mi vida a la educación me pregunto: ¿Cuántas de estas personas se habrían librado de la drogadicción y la delincuencia si de niños hubieran tenido la oportunidad de reflexionar y crear en grupo, sintiéndose capaces y reconocidos, como hoy lo son ellos?
Educación es la clave, y el Estado hace dejación de sus funciones cuando reduce el papel de la escuela a centro de instrucción, igual que los docentes cuando se conforman con ser transmisores de conocimientos.
Lograr que niños y niñas lleguen a sentirse útiles, capaces, participativos, responsables, libres, empáticos, sociables, felices, exige por parte de los educadores que den prioridad a la reflexión, al trabajo en equipo y a la creatividad sobre los contenidos, los exámenes y las calificaciones, es decir, exige que se conviertan en una especie de objetores de conciencia.
No basta con dedicar un día al año a hablar de la paz, de la igualdad o la pobreza, ni siquiera era suficiente la asignatura de Educación para la Ciudadanía, es necesaria una actitud del profesorado y unos procesos en los que se ponga en juego todo el enorme potencial de los individuos y del grupo, de manera continuada, con diversos proyectos de todo tipo.
LÓVA es uno de esos proyectos en los que escuela y vida se dan la mano y se crea el clima para que cada uno pueda dar lo mejor de sí mismo y recibir lo mejor de los demás. Al preocuparse de lo importante, los docentes, los padres y  los alumnos llegan a comprobar que no solo no se pierde en instrucción y conocimientos, sino que ganando en autoestima, relación y motivación, se consiguen mejores resultados en todos los terrenos.
Desatender la educación en la escuela equivale a llenar las cárceles y, por supuesto, de insolidaridad y delincuencia la sociedad.



domingo, 14 de julio de 2013

Educar - cocinar.

A veces pienso que educar es semejante en muchos aspectos a cocinar y los profesores somos un poco cocineros.
Hay comidas especiales y las necesarias comidas de todos los días.
No se puede preparar todos los días sopa, macarrones o salmonetes porque acabarás odiándolo. Odiando tener que cocinarlo  y odiando tener que comerlo.
No digo que el profesor sea el único en preparar comida para otros. También los alumnos la deben preparar y aprender a cocinar, a educar-se.
Me gusta sobre todo la metáfora por aspectos como la paciencia, el necesario tiempo de espera, la variedad de condimentos, la necesidad de probar periódicamente el guiso, el diferente tratamiento que hay que dar a cada plato, la imprescindible variedad dentro de la cotidianeidad.
Pensando en los miles de profesores y profesoras que diariamente se reúnen en la cocina del aula con sus alumnos se me han ocurrido los siguientes títulos para los capítulos del libro que nunca escribiré, pero que cedo graciosamente para quien quiera escribirlo:
Diferencia entre cocineros y cocinillas.
Cocinar con amor.
Cocinero para los restaurantes de postín.
El cocinero artista de concursos y el cocinero de todos los días.
La comida precocinada. Los platos fríos y recalentados. Fast Food. 
La creación del gusto y del mal gusto.
 Anorexia, sobrepeso y los culpables de los malos hábitos alimenticios.
Preparar la comida para mi hija… y comer con ella.
Cuando los comensales no son anónimos sino que tienen nombres apellidos.
La cocina en familia y la cocina como negocio.
El derecho a comer y aprender a cocinar.
Cuando el profesor degusta la comida preparada por sus alumnos.

Es un sencillo ejercicio de extrapolación que a mí me ha servido para profundizar en mi tarea educativa, mejorar un poco en ella y ver con más claridad aquello con lo que no se puede tragar.

martes, 23 de abril de 2013

ENTREVISTA


(Transcripción de la entrevista realizada por Sofía Otero)
Nombre, edad, años de experiencia en la docencia, centro en el que trabaja, especialidad. Algún otro dato relevante.
Soy Miguel Gil, en tweeter @miguelgilcasado, lo mismo en FB y en otras redes. Soy maestro en retiro voluntario. Jubilación LOGSE anticipada.                                                                                                          
Me jubilé después de veintitantos años dedicados a la enseñanza, los últimos 18 en el colegio de Vallecas, El Quijote,  como profesor especialista de música. He sido tutor en otros colegios. Hice magisterio por Lengua, me presenté a las oposiciones  por Música y sobre la marcha he ido estudiando música, magia, malabares… Hice Filología Hispánica en la UNED. Siempre me ha gustado estudiar, hacer cursos, ver otras cosas. Yo en realidad no soy músico, hice un grado elemental  de contrabajo y luego he ido toqueteando instrumentos. No me he considerado nunca músico, me he considerado maestro. Y desde esa perspectiva pues he trabajado la música, como habría trabajado otra actividad, sobre todo relacionándola con áreas como lengua. También he hecho teatro con amigos…
¿Por qué decidiste ser educador/a?
Bueno, fue hace muchos años. La verdad es que era una cosa que, si te digo la verdad, no lo pensé mucho. Empecé a estudiar y me pareció que una de las cosas que podría hacer era precisamente enseñar lo que estaba aprendiendo. Así que lo vi como bastante natural. Otras carreras me parecían de una minuciosidad y sistematización mayor del pensamiento. No sé muy bien.
Más adelante, con el tiempo,  tuve una temporada en la que dejé de dedicarme a la enseñanza y me dediqué a trabajo manual y a hacer la revolución. Dejé la educación.
Pero volví a ella hace  casi treinta años. Volví y lo hice con una decisión más clara.
Me parecía que era necesario empezar con los niños desde abajo,  para cambiar cosas. Y bueno, con eso estamos.

¿Cómo conociste el proyecto LÓVA?
Pues hace seis años cogí una licencia por estudios y estuve haciendo varias cosas.
Yo conocía el trabajo de música, relacionado con el teatro, pero echaba en falta una preparación para la plástica y el trabajo visual.
Aprovechando que tenía la oportunidad de pedir una excedencia por estudios, me puse a hacer un curso de experto en educación artística en la Universidad Complutense,  empleando el año entero.
Mi idea era integrar todas las artes. Ya lo había intentado, lo había puesto en práctica en la medida de mis posibilidades. Es decir, lo que pretendía era no estudiar la música aislada de la lengua, la literatura, la poesía, la dramatización o  la plástica. Aproveché ese curso para trabajar el tema de la creatividad plástica. Estuve formándome un poquito, teniendo una experiencia pequeña, relativa, pero algo que me sirviera para poder decir algo, sobre lo que poder opinar.
Y precisamente en ese año vi que anunciaban un curso en el Teatro Real. Un sábado al mes, una mujer de EEUU, Mary Ruth Mcginn, ofrecía un trabajo por proyectos, un trabajo de integración de las artes con el nombre de la Ópera o de Creación de una Ópera.
Me gustaron mucho los objetivos que sobrepasaban las expectativas artísticas y el desarrollo artístico de los niños y que ponían el acento en el desarrollo emocional, el desarrollo vital, educativo en general. Me metí en el curso, me apunté. Luego Mary Ruth nos convenció para ir a Washington y hacer el training de la ópera durante ocho días, muy intenso. Y a partir de septiembre  del curso siguiente, cuando volví de la licencia, lo propuse a  una tutora y nos liamos con el proyecto y nos pusimos a hacerlo.

¿Qué viste en el proyecto que te pareció interesante en un primer momento?
Un trabajo de globalización que diera más sentido a las actividades y las cosas que se hacían en el colegio. Que tuvieran un sentido, una naturalidad. Un abordar las cosas de una forma más polifacética, desde diversos ámbitos. La famosa globalización (muy poquito practicada), mediante un proyecto, mediante la búsqueda o la consecución de un producto que implique diversos saberes. Pues sí, eso fue fundamental junto con el hecho de darle también a la educación una visión más profunda.

¿Qué aspectos se fueron desvelando en la formación? ¿Qué fue lo que más te impactó/sorprendió/fascinó?
Me llamaron la atención realmente muchas cosas. Pero fundamentalmente lo que ocurrió fue que fui cambiando mi punto de vista de una manera progresiva, no inmediata. Por ejemplo, yo iba con la idea de que todos los niños tenían que hacer lo mismo, todos los niños tenían que tener la oportunidad de hacerlo todo dentro del aula. Si uno creaba una poesía todos debían crearla y si uno creaba una canción todos debían aprenderla; si uno tocaba un instrumento y demás, todos tenían que tener la ocasión y oportunidad de tocarlo.
Bueno, esta era una manera, un enfoque, motivado por la práctica y las posibilidades reales que te da tener que dar una hora de clase de música semanal a todos los  niños del colegio, a 500 alumnos. Con esta circunstancia me organizaba para que todo el mundo cantara, todo el mundo participara.
En este proyecto llega un momento en el que se diversifica la actividad dentro del aula, dentro de la compañía, se diversifican las profesiones y se diversifica también el trabajo de cada niño.
Me costó bastante llegar a entender que no todos tienen que hacer lo mismo al mismo tiempo y que no necesariamente se aprende más o se aprende cuando todo el mundo está haciendo todo a la vez. Es decir, llegar a entender la individualidad  de los niños y el proceso individual de cada cual.
Y otra cosa también muy importante, que todo está en todo (como decían los famosos filósofos franceses) y que no importa que no hagas una cosa si has profundizado en lo que estás haciendo. Cuando se hace un trabajo colectivo, de grupo, lo importante es el resultado general, y que con ese resultado grupal tú aprendes y te desarrollas.

¿Encontraste que el proyecto era realista? ¿Se podía llevar a las aulas de forma práctica? ¿Era idealista?
Realista… Es realista  en el sentido de que, efectivamente, se puede realizar y lo seguimos llevando a la práctica.
Es un proyecto difícil.
Si por realista entendemos que sea fácilmente realizable entonces no es nada realista. Es un proyecto utópico, un proyecto difícil, tiene muchos elementos en juego y que requiere bastante atención y dedicación por parte del profesorado que lo lleva a la práctica. 
Es un proyecto realizable, muy valioso, claramente se puede poner en práctica en cualquier centro, de hecho se ha puesto en práctica en centros muy diversos, desde niños muy pequeñines… en fin…perfectamente realizable. 

¿Cómo recibió la dirección del centro escolar la idea de llevar a cabo el proyecto? ¿Puso resistencias?
Yo he tenido mucha suerte con el hecho de que la dirección de mi centro era consciente de que había que potenciar varias cosas en la enseñanza. Primero respetar el trabajo de los profesores y su independencia en la forma de entender su labor, siempre que estuviera de acuerdo con el proyecto curricular del centro (que era muy amplio y respetuoso con el desarrollo del niño). Entonces, aunque la dirección no conocía el desarrollo o la implicación total del proyecto, puso todo tipo de facilidades a la hora de organizar horarios y buscar espacios (que son cuestiones muy importantes para tener en cuenta en el proceso, porque se basa en la colaboración de las personas).
Este proyecto no es para llevarlo uno solo, un profesor solo, aunque una tutora, que tiene muchas horas con los niños, podría llevarlo a cabo. Yo creo que no es recomendable hacerlo solo porque este proyecto se basa en el trabajo en equipo. Que los profesores den ejemplo de trabajar en equipo es fundamental para los niños. Un profesor especialista en artística trabajando con el tutor o la tutora es lo ideal.

¿Cuáles son los miedos que se despiertan a la hora de comenzar el proyecto por primera vez? Compañeros/as, familias.
Sí, hay muchos miedos.
Primero por parte del profesor o profesora que lo hace, que tiene un miedo elemental y es el no saber cómo va a terminar esto. Empiezas un proyecto que parte de cero, en el que se tiene que crear todo y que lo tiene que hacer todo el grupo de alumnos, no el profesor o la profesora. Da miedo porque es una forma de trabajar que nunca se ha hecho y para la cual no nos han preparado.
Los alumnos son los que menos miedos tienen.
Pero las familias tienen muchos miedos, prevenciones y dudas de que esto pueda ser útil y pueda ser un trabajo que capacite a los niños para seguir su ritmo normal, académico, sin dejar de adquirir los conocimientos que están establecidos para ese año y que se adquieran de esa forma. Digo de esa forma porque las editoriales editan sus libros, los colegios compran esos libros, la mayoría de los centros todavía usan esos libros y no es sólo el tema de adquirir los contenidos, sino la forma en la que los libros nos marcan cómo enseñar esos contenidos.
Cuando prescindes de todas esas cosas, apoyos, muletas… te pasa como a cualquier cojo que de repente le quitan esos apoyos. Como siempre nos han hecho caminar con ellas, hemos pensado que no sabemos caminar sin ellas.

Y luego, miedos por parte del resto de profesores también.
Y ¿por qué?… hay un miedo que es muy justificado. Si estos niños aprenden a trabajar por sí mismos, a trabajar, a opinar, a decidir, ¿qué va a pasar luego?, ¿qué va a pasar cuando yo tenga que imponerle en otros cursos un ritmo que sea más estándar, un ritmo de aprendizaje memorístico?
Bueno, pues esos miedos son como terrones de azúcar que se disuelven luego sobre la marcha. Pero esos miedos existen y yo creo que hay un miedo que no se confiesa y es que eso me va a obligar a mí a cambiar mi manera de hacer, eso me va a poner en la tesitura de que yo también voy a tener que plantearme o replantearme mi forma de trabajo.
Bueno, hay muchos miedos, sí, efectivamente.

¿Se podría llegar a organizar todo el curso escolar haciendo que todo el horario fuera LÓVA?
Eso sería ideal y eso es perfectamente realizable.
Es muy difícil de realizar por muchos de los condicionantes externos e internos.
La administración propone unos exámenes, unas actividades estandarizadas, insta a la separación por asignaturas. El bilingüismo mal entendido está generando dispersión y  separación de asignaturas, llegando a verdaderas aberraciones. En EI, los niños están con el profesor de inglés y otros muchos especialistas y, al final, niños pequeños pasan por muchas personas. Esto va totalmente en contra de lo que debe ser la atención personalizada a esos niños.
Entonces hay muchos elementos organizativos en contra y muy poca gente dispuesta a entender que esto es posible dentro de los centros. Se encuentran resistencias incluso en centros que tienen otra vitalidad y un afán por la innovación y por hacer las cosas bien.
Es totalmente posible enfocar el currículum a través del proyecto sin necesidad de forzar las cosas. Porque es tan amplio y tiene tantos elementos dentro de su desarrollo, tantas profesiones entran en juego, tantas necesidades de trabajo intelectual a través del proceso de las actividades y se experimentan aspectos de la sociedad, la vida, la naturaleza… todo eso se puede integrar dentro del proyecto.
No hay que olvidar que en él, fundamentalmente, se aprende a aprender. Esto les va a capacitar para, si no has visto (p. ej.) el cuerpo humano en el momento que está establecido en el currículum, a verlo en cualquier momento. Hablo del cuerpo humano cuando es un ejemplo que precisamente podría verse perfectamente en momentos como la creación del vestuario, de maquillaje, etc…  que son momentos que nos ayudan o nos permite incluir muchos elementos del cuerpo humano.
¿Cuál es la dificultad?, la dificultad estriba en que se entienda el proceso de enseñanza aprendizaje, no como un cúmulo de cosas o de actividades que hay que hacer, sino como una manera de pensar, de enseñar a pensar, con cosas, con objetivos que realmente sean atractivos, que tengan una suficiente entidad. Y crear una obra suya, con todos los elementos artísticos y técnicos. La creación de una ópera, nos ayuda a eso. También podría ser la creación de una película, una exposición o cualquier otra cosa.
Son objetivos muy amplios que dan cabida a muchas actividades. ¿Qué se requiere? Pues se requiere mucha sistematización por parte del profesor, mucho pensar en los objetivos, mucho pensar en el grupo concreto que tienes, en las necesidades de ese grupo y de los individuos que lo forman y ver su nivel de desarrollo. Es decir, un acompañamiento real, se requieren unas cualidades y una dedicación muy grandes por parte del profesorado.

¿Este proyecto te ha cambiado la visión sobre la importancia o no del acto creativo en la educación? ¿De qué manera?
Los profesores se hacen más creativos, y si no se hacen más creativos se duda más de lo que es la actitud habitual de la gente. Se duda más de la bondad de algunas fórmulas, por muy estudiadas que estén, por muy asumidas que estén… ¿esto se puede hacer de otra manera? Hay compañeras del Quijote que se han preguntado ¿y la forma de dar las matemáticas no puede ser otra? y ¿la forma de dar tal asignatura no puede ser otra? LÓVA transmite una actitud más de búsqueda, de indagación, de participación de los chavales. Se tiene la oportunidad de cambiar con este proyecto y casi la necesidad.

¿LÓVA mejora la calidad de la enseñanza artística/ creación? ¿Se crece en competencia artística y cultural?
Yo creo que una de las cosas principales que sacan los chavales es el convencimiento de que son capaces de hacer las cosas.
¿Se capacitan más artísticamente? Si vamos mirando área por área: ¿van a salir mejores músicos?, ¿mejores poetas?, ¿dramaturgos?, ¿mejores actores? La verdad es que sí es mejor que lo que hasta ahora propone  la escuela, así que es bastante probable que salgan mejores artistas. Pero sin especificar sobre qué o en qué pueden salir mejor capacitados yo creo que sí que hay una capacitación fundamental hacia una confianza en sí mismo que les posibilita abordar cualquier trabajo artístico. El mero hecho de estar en contacto y ver otras obras de compañeros y ver qué representan, valorar lo que hacen otros, les hacen estar metidos en el ambiente de cantar, tocar, aprender a moverse, crear poemas, escribir, imaginar cosas. Creo que es precisamente el clima en el que se puede potenciar la creatividad. 

¿Qué provoca, en el hacer de los niños y niñas, una actividad creativa? ¿Los motiva? ¿Los alegra? ¿Los aburre? ¿Por qué?
Yo creo que lo niños tienen claro que la ópera es suya, y que la tienen que hacer, no se les va a suplantar, a ayudar sí. De hecho están acompañadísimos, buscamos profesionales, padres, amigos que les echen una mano, que les expliquen cosas, a los escritores, músicos, etc. Entonces tienen a su alcance (es una de las cosas valiosas del proyecto) la posibilidad de codearse con verdaderos profesionales.
Tienen claro que ellos tienen que hacerlo porque si no lo hacen, no sale adelante… se les incita mucho a que se expresen sin miedo a equivocarse.

Una vez experimentada una ópera, ¿cómo se afronta un curso escolar sin un proyecto creativo?
Tengo la experiencia de algunas compañeras que lo han dejado de hacer por cuestiones organizativas y lo que les he oído comentar es que su visión cambia. Su visión de actuar delante del grupo también cambia. Muchas de las cosas que se hacen en el proyecto son válidas fuera de él,  como hacer retos con los niños, plantearles preguntas abiertas, proponerles formas de creación, darles libertad para hacer las cosas como ellos crean conveniente. Y lo hacen incluso dentro de áreas que tienen una metodología más dirigista, con libros de texto. Incitarles a ser críticos con lo que están leyendo, están estudiando. Buscar momentos para darles la palabra a ellos.

¿Nos falta educación emocional? ¿Cómo podemos mejorar en eso?
La educación emocional no se plantea como tal en la mayor parte de los colegios. No hay referencias en ningún currículum y no pasa, en muchos centros, de ser una actitud de sentido común y de una relación más o menos respetuosa a los alumnos, o entre el grupo de profesores.
Hay muchas emociones dentro de los profesores que surgen de manera poco responsable o poco adulta, como autodefensa ante las dificultades. Estas dificultades pueden ser frente a otros  compañeros generando conflictos debido a una falta de control de las emociones y falta de madurez.
También surgen conflictos en el alumnado que también manifiestan emociones fuertes, de autodefensa. El otro día una compañera que me comentaba cómo había habido amenazas de un alumno a otra profesora, amenazas graves. A partir de un conflicto así se crea (claro) una situación emocional fuerte y se producen determinados posicionamientos emocionales del profesorado frente al alumnado.
Hay un déficit enorme de educación emocional en el profesorado. Para abordar las propias emociones de uno y para abordar las emociones que surgen en los conflictos o situaciones personales de los alumnos entre sí o los alumnos con los profesores, es una necesidad imperiosa.

LÓVA es un proyecto que crea espacios para las emociones desde un principio. ¿Qué reacciones provoca en niños y niñas el poder explorar sus propias emociones y las ajenas?
Abre la caja de las emociones y deja que se manifiesten o posibilitan que se manifiesten. Creando un clima de respeto, de libertad, de invitación a que se piensen las cosas. Se parte de que se quiere crear una obra teatral, una ópera, en la que a los personajes les pasan cosas. Se intenta que el tema de la ópera esté relacionado con lo que realmente les pasa en la vida. Porque creemos que eso sirve más que hacer  un cuento de hadas, un cuento muy fantasioso, que solamente invite al juego sin más, al juego imaginativo. Queremos que se desarrolle la imaginación y la fantasía de los niños pero reconociendo que son sus fantasías y a qué son debidas esas fantasías. Qué cosas les pasan a los niños de verdad. O a los adultos de verdad (si el caso es hacer una obra entre adultos). A partir de esa reflexión sobre lo que nos pasa, nos pone alegres, tristes, etc. sacamos temas que sea interesante analizar, para el que lo hace y para el que lo ve, escucha y presencia.
De ahí surgen temáticas muy propias, muy personales que luego adquieren un desarrollo, una historia, se genera un guion, una serie de peripecias, que pueden ser algunas divertidas, otras más dramáticas, que en todo caso responden a preocupaciones suyas. En este desarrollo creativo de invención y de creación, los niños sacan muchas cosas.

¿Los niños y niñas necesitan hablar de sus emociones?
Creemos que necesitan sacarlas y por eso potenciamos que salgan. Y de alguna manera se facilita porque se externaliza el conflicto, la preocupación, el miedo, la ira. Se pone de una manera lúdica, es escena… es una forma casi terapéutica. Escriben mucho, expresan mucho. Expresarlas es un buen método para poderlas ordenar y comprender.

¿Las emociones ayudan/entorpecen el aprendizaje en la vida?
¿Influyen en el aprendizaje?
¿Cómo?
Es un trabajo muy grupal y por lo tanto es un trabajo en el que lo que le pasa a cada cual se plantea abiertamente, sin forzar a nadie a hablar y expresar, pero invitando de manera normal a comentar las cosas que ocurren dentro del aula, dentro de cada uno. Se invita a no guardarse nada, para que no se pudran dentro. En cualquier trabajo de equipo surgen inevitablemente muchas diferencias, incomprensiones y problemas y se ponen de manifiesto. Si se posibilita eso comienzan a surgir las individualidades, los gustos de cada cual y las diferencias. Y como no se castigan, no se recrimina a las personas, sino que en todo caso se enjuician las cosas que pasan desde el grupo y como se tiene libertad para expresar lo que cada uno siente de uno y de otros, el grupo va creciendo.
El adulto aprende  exactamente igual, aprende a escuchar, a callar, a no imponer criterios desde el principio de autoridad sino a opinar desde su punto de vista. Y también es una invitación al adulto a ser muy sincero, muy afectivo, y también poder expresar con tranquilidad sus malestares y bienestares, alegrías y tristezas. Se genera un clima muy sano.


¿Cómo reaccionan los niños y niñas cuando se les plantea que van a participar en este proyecto?
Es una reacción muy positiva. Cuando no se sabe qué es, es una expectación, pero al mismo tiempo se les plantea como una oportunidad de buscar, de experimentar.
Cuando a los niños se les plantea la opción de investigar algo, su posición innata es del descubrimiento, el intentar conocer cosas nuevas y aventurarse por caminos desconocidos. Cuando no se ha hecho Ópera antes en su colegio se produce esa expectación y una reacción innata muy positiva, favorable a investigar y a ver qué es eso. A poco que hayan oído hablar del proyecto pues se plantean la incógnita de ¿nosotros sabremos hacer eso?, ¿sabremos cantar?
Cuando ya han visto que otros grupos los han hecho, la reacción es mucho más positiva y lo demandan ellos… “a ver cuándo nosotros vamos a hacer también una ópera”.

¿El nivel de expectativa diaria es similar en un curso LÓVA que en un curso sin ópera?
Sí, se genera un gran entusiasmo por el proyecto.
En cualquier clase hay un pequeño grupo de niños que están entusiasmados con todo y otros más indiferentes y luego otros que manifiestan rechazos clarísimos por diversos motivos.
Yo creo que con la ópera los rechazos claros motivados por situaciones familiares, malas experiencias con la escuela, desaparecen, y en general hay una gran expectativa y una gran ilusión que se va acrecentando con el trabajo durante el curso.

¿El trabajo de la ópera trasciende el tiempo escolar?, ¿ocupa espacios de recreo?, ¿hablan en casa de ello?
Hay diferencias, lógicamente, y hay quien lo vive con una intensidad apasionante. Termina llegando a las familias no sólo porque llegue LÓVA a las casas a través de los niños, sino porque desde el proyecto queremos traer a las familias al colegio.
Sí, hay una doble dirección, un feed-back. Normalmente los niños lo comunican en las casas porque a veces tienen que preparar cosas, aunque la mayoría de las cosas se hacen en clase, pero sí tienen que escribir algo o lo que sea.
Se rompe el esquema físico del aula porque se sale a hacer visitas, al espacio en donde se representará nuestra ópera, los juegos colaborativos se hacen fuera con el profesor de educación física si se integra en el equipo, etc.  Se sale del aula porque es necesario habitar varios espacios, para clavetear, para pintar, etc. Se rompe con el corsé espacio/tiempo. De ahí también que haya muchas dificultades para ponerlo en marcha en un centro que esté muy encorsetado y que tenga unos horarios muy rígidos y unas limitaciones muy grandes de espacio.
No es que los  chavales en el recreo hablen de… o jueguen a… sino que se abre, en la medida de lo posible (depende del grupo y del centro) y se intenta romper algunas fronteras o difuminarlas un poquito. Se ve a gente trabajando en los pasillos, se ven momentos en recreos que algunos están ensayando una canción. Tiene que haber una falta de límites relativa para que los chavales se puedan mover. Si les dejaras estar, algunos chavales estarían todo el día haciéndolo, preparando sus canciones, sus luces, sus diversas actividades. 

¿Crees que LÓVA aporta sentido a la vida en la escuela? ¿Por qué?
Sí, porque se intenta cambiar la rigidez que la escuela tiene. En mi colegio los padres entraban con libertad participando de las sesiones e incluso se les llamaba especialmente a participar, o bien con un grupo de vestuario, con un grupo de electricistas, de músicos. Se les invita a entrar, a estar presentes, a colaborar si tienen algún conocimiento específico sobre esa profesión y si no, pues a estar, a acompañarles a veces por mejorar la seguridad del manejo de herramientas, o echar una mano con algún objeto pesado... Recuerdo que algunos niños se quejaban a sus padres y a sus madres por no ir a los talleres. El proyecto no tiene ese carácter rígido así de escuela organizada con clase magistral del profesor que explica y los alumnos solo escuchan y participan en momentos puntuales, donde los padres están fuera y otros profesionales no tienen acceso. Esto intentamos que cambie radicalmente.
De hecho solamente hay ventajas, porque los profesionales que vienen salen encantados, los niños tienen un contacto más real con la vida, las profesiones, las herramientas que se emplean, el acceso a Internet, porque tienen que confeccionar sus blogs para comunicarse con otros grupos, otros niños. Es como una ventana abierta, para que familiares y otros niños puedan ver lo que hacen.
Efectivamente potencia mucho el convertir la escuela en algo integrado en la vida y no al margen de la ciudad, o de las profesiones…. o de la gente.