lunes, 26 de septiembre de 2011

Lecciones imprescindibles

Las Instrucciones  de  la Consejería  de Madrid han puesto en pie de guerra a  los profesores y profesoras de  los institutos madrileños.
A pesar de los esfuerzos ingentes  de la Administración (PP) y de toda la batería de medios afines (que son la inmensa mayoría) para desacreditar, desprestigiar e insultar a los profesores, ni una ni otros han conseguido que la ciudadanía se les ponga en contra.
Lo que se está consiguiendo mediante esta movilización es algo que estaba haciendo falta en la educación, la confluencia de profesores, padres y alumnos. Es justo lo contrario de lo que pretendía la perversa campaña intoxicadora desatada por Esperanza Aguirre y todo su ejército fundamentalista contra el profesorado y la enseñanza pública.
Y es precisamente esta confluencia y unidad de profesorado, familias y alumnado la que puede conseguir una victoria contra el plan de acoso y derribo de la educación pública en Madrid, antesala de lo que PP pretende para toda España.
Este es un ejemplo de libro de cómo una provocación mal calculada puede ser causa o detonante de una revolución en el seno de una organización social.
El profesorado de institutos es el primero en darse cuenta del fracaso escolar, lo viven a diario, lo sufren. Ver cómo unos (y unas) políticos sin escrúpulos meten el dedo en la herida y aumentan los problemas quitando recursos humanos y tachándoles de vagos es algo sangrante que merece la repulsa de toda la ciudadanía y así ha ocurrido.
La movilización hasta hoy ha tenido éxito y seguirá teniéndolo si los profesores y profesoras saben transmitir a las familias y al alumnado lo que está en juego, el peligro inminente de destrucción de la educación pública, la privatización progresiva y generalizada  de la enseñanza con el consiguiente gravamen económico para las familias, dejando la pública como un servicio meramente asistencial para los que no puedan pagar.
Pero esta unidad de profesorado-familias-alumnado que hoy se está consiguiendo tiene que ir mucho más allá de parar los pies, más bien pezuñas, a la Administración. La educación de  niños y jóvenes, siempre, pero hoy más que nunca, pasa por consensuar unas formas de actuación y lograr una colaboración y diálogo permanente entre padres, profesores y alumnos. Sin ello, el fracaso escolar no disminuirá sino que irá en aumento.
La revolución que necesita la escuela no pasa por “2 horas” + ó -. Esa es sólo la bandera insultante de Esperanza Aguirre. Y está claro que hay que conseguir arriarla y quemarla porque supone cientos de profesores menos  y un perjuicio grave para miles de alumnos. Pero el verdadero cambio exige  una participación activa de las familias no sólo en las manifestaciones sino en la gestión de la educación de sus hijos. Democratizar la escuela.
Tutorías grupales (asambleas)  imprescindibles, claro que sí. ¿Y por qué no con padres incluidos? Apoyos, con todos los profesores necesarios. ¿Y por qué no también con padres voluntarios? Proyectos interdisciplinares, abiertos a los profesionales, muchos seguramente familiares de los propios alumnos. Bibliotecas, excursiones, teatro, deporte, informática… Son muchas las actividades educativas, por no decir todas, en las que padres y madres pueden y deben participar.
Muchos colegios de Infantil y Primaria tienen experiencia de esto. Las Comunidades de Aprendizaje tienen experiencia de esto. Y es de estas experiencias de las que todos debemos aprender.
Habremos sacado una lección importante de esta movilización si entendemos que la educación es una tarea conjunta, democrática y continuada de las familias, el profesorado y el alumnado.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Cuento para empezar el cole


HORMIGAS

No os lo vais a creer pero este verano me he hecho amigo de una hormiga. Sí, una de esas bichitas negras con seis patas que siempre van arrastrando cargas más grandes que ellas y que suelen ir en pandilla a todas partes.
Sí, esas que en lugar de hacer casas, como todo el mundo, se dedican a agujerear el suelo sin importarles nada la crisis inmobiliaria ni la economía. Pues eso, en resumen, una hormiga.
No sé cómo se llama ni sé si las hormigas se llaman, pero yo la he puesto Clara. No por su aspecto porque es más negra que la boca del lobo sino por lo claras que tiene las cosas.
Estaba a punto de poner mi zapato sobre ella cuando oí que me decían:
-¡Cuidado, animal!
Me quedé paralizado porque estaba completamente solo en el campo, o eso creía yo. Después de mirar a mi alrededor y no ver a nadie quise continuar mi camino, un poco mosqueado, lo confieso. Pero al levantar el pie para dar el primer paso volví a escuchar:
- ¡Cuidado, tío! ¿Estás sordo?
Esta vez miré al suelo y la vi. Con las dos patas delanteras cubriéndose la cabeza, aterrada, estaba Clara esperando mi pisotón. No es una postura normal para una hormiga, por eso adiviné que era ella la que me increpaba. La cogí cuidadosamente, la puse en la palma de mi mano y le dije disculpándome:
- Perdona, chica, pero eres tan pequeña que no te había visto.
- No es que yo sea pequeña, es que tú no miras.
- Lo siento pero, pequeña, eres bien pequeña.
- ¿Y eso te da derecho a pisarme? Más pequeñas son las células de tu cuerpo y mira cómo las cuidas.
- ¡Hombre! para eso son mías.
- ¡Ah! ¿Es eso? ¿Sólo cuidas lo tuyo?
- No, pero…
- Pues has de saber que yo me paso todo el día cuidando y alimentando a bebés que no son míos.
- Ya, ya sé que las hormigas sois admirables en muchos sentidos.
- No nos hagas la pelota. Lo que tienes que hacer es abrir más los ojos y estirar las antenas. Por cierto
¿dónde están tus antenas?
- No, pequeña, los humanos no tenemos antenas.
- No me llames pequeña. ¿Cómo que no tenéis antenas? ¡Ja! Ahora me explico. Sin antenas ¿cómo vais a
saber cuándo un amigo está triste o necesita ayuda o le duele algo que le habéis dicho? ¿Eh?
- Pues… esperamos que nos lo cuente.
- ¿Y si no lo cuenta? ¿Qué? ¿Pasas por encima de él y lo aplastas como a mí, casi, hace un momento? Sin
antenas no se puede andar por la vida. No puedes conocer de verdad a la gente, ni lo que siente, ni lo
que le pasa.
- Pues te aseguro que hay muchos así en mi especie.
- Ya me habían advertido a mí que vais mucho a lo vuestro y que tenéis un problema con el tamaño: “el
más grande, el más guapo, el más listo, el más, el más.
- Bueno, pequeña… ¡Perdón! ¿No crees que te estás pasando?
- No. Y has de saber que hay cosas pequeñas bien importantes. Vuestros niños son pequeños ¿no? Y son
importantes. ¿Un beso? Es pequeño. Y es importante. ¿Una lágrima? Es pequeña y es importante. Las
letras de un libro son muy pequeñas, en realidad son hormigas y muchas veces dicen cosas importantes.
Bueno ¡adiós! Que yo tengo mucho trabajo.
- ¡Oye, espera, espera! ¿Cómo te llamas? ¿Cuándo puedo volver a verte?
- Andaré cerca. Tú abre bien los ojos.
- Pero es que… todas sois iguales. No te voy a reconocer
- ¿Ah, sí? ¿Eso es todo lo que has aprendido? Todas somos distintas, sólo tienes que observar con
atención.
- No te vayas, por favor
- Sí, ya no me necesitas. Ahora te toca caminar y pensar. Vamos a ver si eres capaz de cuidar a las
hormigas… y a las personas. No lo olvides. ¡Las antenas!
Y se fue, mi amiga Clara. Pero yo sé que está por aquí cerca. Si alguno de vosotros la encuentra dadle
recuerdos y decidle que en este colegio tiene muchos amigos que se esfuerzan en distinguir a las hormigas.
¡BIENVENIDOS TODOS Y TODAS UNA AÑO MÁS AL HORMIGUERO!

viernes, 2 de septiembre de 2011

Si tuvieras que definir tu profesión

No hace mucho me plantearon esa cuestión.

El maestro, la maestra son personas de carne y hueso adultas que se juntan un montón de horas con un montón de personas de carne y hueso infantiles  y luchan denodadamente porque éstas les hagan caso y se interesen por cosas generalmente poco interesantes para ellas. Desde esta perspectiva, la garantía de fracaso está prácticamente asegurada.
Cuando esto ocurre, a veces  las personas adultas de carne y hueso no  se resignan al fracaso, se cubren con una coraza de hierro y consiguen que las personas de carne y hueso infantiles les hagan caso, pero muchas de ellas sufren heridas de diversa consideración y algunas quedan mortalmente heridas.
Otras veces esas personas adultas de carne y hueso sienten el fracaso del sistema como algo personal y quedan a su vez mortalmente heridas e incapacitadas para buscar ninguna alternativa.
Pero si esas personas adultas no se resignan al fracaso ni lo consideran como algo personal y quieren seguir siendo de carne y hueso sin corazas, se ven abocadas a buscar incansablemente el camino hasta el corazón de todas y cada una de esas personas de carne y hueso infantiles, entendiendo por corazón lo más profundo de sus mentes, sus líneas de pensamiento, su manera de ver y desear, sus sentimientos y las causas de su actuación en cada momento.
Esto es un trabajo agotador y apasionante. Consiste por decirlo simbólicamente en lanzar y recoger hilos en un permanente juego interactivo. Cuando este juego  se convierte en unidireccional deja de ser educativo. Sólo es interesante para una institución generadora de fracasados entre las personas de carne y hueso adultas y las personas de carne y hueso infantiles que la forman.
Así las cosas, definiría  brevemente mi profesión como la de “incansable descubridor de caminos hacia el interior de las mentes infantiles y compañero de viaje de su crecimiento”.
¿Que si mi profesión es un motor en mi vida?
 Pues sí, sin lugar a dudas. No sólo porque es un reto constante. Es muy satisfactorio percibir el crecimiento y la explosión de vida a tu alrededor. Rejuvenece y aporta energías para cambiar la institución desde dentro.