domingo, 14 de julio de 2013

Educar - cocinar.

A veces pienso que educar es semejante en muchos aspectos a cocinar y los profesores somos un poco cocineros.
Hay comidas especiales y las necesarias comidas de todos los días.
No se puede preparar todos los días sopa, macarrones o salmonetes porque acabarás odiándolo. Odiando tener que cocinarlo  y odiando tener que comerlo.
No digo que el profesor sea el único en preparar comida para otros. También los alumnos la deben preparar y aprender a cocinar, a educar-se.
Me gusta sobre todo la metáfora por aspectos como la paciencia, el necesario tiempo de espera, la variedad de condimentos, la necesidad de probar periódicamente el guiso, el diferente tratamiento que hay que dar a cada plato, la imprescindible variedad dentro de la cotidianeidad.
Pensando en los miles de profesores y profesoras que diariamente se reúnen en la cocina del aula con sus alumnos se me han ocurrido los siguientes títulos para los capítulos del libro que nunca escribiré, pero que cedo graciosamente para quien quiera escribirlo:
Diferencia entre cocineros y cocinillas.
Cocinar con amor.
Cocinero para los restaurantes de postín.
El cocinero artista de concursos y el cocinero de todos los días.
La comida precocinada. Los platos fríos y recalentados. Fast Food. 
La creación del gusto y del mal gusto.
 Anorexia, sobrepeso y los culpables de los malos hábitos alimenticios.
Preparar la comida para mi hija… y comer con ella.
Cuando los comensales no son anónimos sino que tienen nombres apellidos.
La cocina en familia y la cocina como negocio.
El derecho a comer y aprender a cocinar.
Cuando el profesor degusta la comida preparada por sus alumnos.

Es un sencillo ejercicio de extrapolación que a mí me ha servido para profundizar en mi tarea educativa, mejorar un poco en ella y ver con más claridad aquello con lo que no se puede tragar.