lunes, 15 de agosto de 2011

¿Por qué?

¿Por qué?

Siempre es necesario el cambio. En realidad es inevitable. El estancamiento no existe, inmediatamente se convierte en retroceso o involución. Desde esta perspectiva veo yo la revolución, como una apuesta decidida contra el estancamiento-retroceso, contra la involución.
La escuela se debate, como la sociedad, entre estas dos tendencias. 
Hoy la corriente involucionista es muy fuerte y arrastra tanto a padres, profesores y alumnos. Es más fácil dejarse llevar.
Estamos dirigidos, hablo fundamentalmente de Madrid y probablemente en breve en todo el Estado,  por una administración impulsora de esta vía fácil: transformar la educación en un negocio privatizándola al máximo y dejando un reducto de escuela pública meramente asistencial para pobres y marginados.
Los pasos sucesivos son: Retirar fondos y recursos de la pública y pasarlos a la  concertada. Abandono de la formación del profesorado y desprestigio permanente del mismo. Hacinamiento en las clases y reducción drástica del número de profesores. Creación y publicación de ranking de colegios en base a exámenes externos que no evalúan competencias sino destrezas y contenidos memorísticos. Campañas permanentes de segregación del alumnado en pro de un supuesto rendimiento y de una pretendida libertad de los padres, haciéndonos pagar a todos doblemente la enseñanza pública y los beneficios y la rentabilidad de empresas privadas, sostenidas con fondos públicos, que además seleccionan  al alumnado por su capacidad económica, extracción social e incluso por su capacidad o discapacidad intelectual y en algunos casos discriminación sexista y religiosa. División del profesorado con complementos arbitrarios. Desprestigio de la tarea educativa en supuesto “beneficio” de la instructiva, (supresión de las tutorías). Exámenes y estándares que inducen una metodología dirigista enfocada al adiestramiento en la ejecución de los propios exámenes. Intento de transformación de los Directores de centros en gestores, no en líderes educativos, impulsores de equipos educativos. Sustitución de la justicia por la caridad como en el caso de www.empiezaporeducar.org . Estas  agresiones del Gobierno del PP de la Comunidad de Madrid, dictatorial sin complejos, no son más que el aperitivo de lo que está por venir y no sólo para Madrid.
Ésta es la tendencia y cambiarla es a lo que llamo revolución.
Lentamente el cuerpo de docentes va despertando de un profundo letargo y ha tenido que sentir el vértigo de una corriente impetuosa  de medidas involucionistas para darse por enterado como colectivo.
Aquí y allá cientos de estos docentes vienen haciendo su revolución particular,
formándose por su cuenta y de su bolsillo, soslayando impedimentos burocráticos, renovando las metodologías, dedicando su vida entera para implementar los recursos y la atención al alumnado que la administración les niega.
Pero estas revoluciones particulares son incapaces de frenar la corriente impetuosa de una Administración dispuesta a acabar con la educación pública.
Es hora de que todos los docentes tomen conciencia de que una revolución en la escuela se impone como única forma de supervivencia y no a la defensiva sino a la ofensiva.
Esta revolución debe tocar a los cimientos de los propios hábitos conformistas, las propias comodidades y el propio inmovilismo a que nos quieren acostumbrar las rutinas, los libros, las cosas aprendidas, los programas obsoletos, los métodos caducos, el empecinamiento analógico y el desconocimiento de los cambios generacionales.
Esta revolución debe acabar de una vez por todas con el “cada maestrillo, su librillo”, cada profesor en su clase y en su asignatura, no sólo para evitar sabios ignorantes sino para poder aprender y enseñar algo hoy fundamental como es el trabajo en equipo.
Esta revolución debe acabar con la escuela cerrada. La experiencia de las comunidades educativas y de los centros que se han abierto a las familias, al entorno y las instituciones cívicas de una forma sincera, no burocrática, dan fe de las ventajas. Es más, esta revolución será imposible sin la complicidad de las familias y el entorno social de nuestros alumnos.
Esta revolución va a exigir de los docentes muchas más horas de las que quiere aumentar la Administración, pero sin suprimir ni una sola plaza. Horas para hacer frente a la propia Administración y sus agresiones, horas para reunirse y organizarse por claustros, zonas, comisiones. Horas para explicar a los alumnos y a las familias el porqué de nuestra revolución, su revolución, porque una escuela mejor es posible. Horas de encierro, horas de huelga, horas de reestructuración de programas y métodos, horas de estudio, de reciclaje y de mutua enseñanza.
Esto o dejarnos llevar por una corriente que acabe con la escuela pública, que segregue más y mejor al alumnado creando guetos y fosos insalvables, no sólo en la escuela sino en la sociedad, cuyos resultados bien recientes los tenemos en Inglaterra.
Si alguien piensa que esto va a ser fácil, que no se apunte, pero que no estorbe, por favor. Necesitamos las fuerzas de todos los docentes, de todos los alumnos, de todas las familias, de todas las instituciones  que creen en el valor de lo público y de la capacidad revolucionaria de la utopía.